-¿Cómo va el Gobierno, Venancio?
-Lo último ha sido que el Rey, viendo que no formaban Gobierno ningún Partido, se reunió con ellos una tarde. “Veamos”, les dijo, “¿qué os impide tener mayoría para salir del “impase” en que estáis metidos?”.
Les advirtió que no podían seguir así más tiempo, que ya las demás naciones europeas y americanas empezaban a silbar. Y ellos, comprendiendo que era un ultimatum se quitaron las caretas y hablaron claro.
-Yo solo no puedo formar Gobierno –dijo Pedro Sánchez.
-Yo menos –dijo Albert Rivera.
-Ni yo –siguió Pablo Iglesias.
-¿Y usted, don Mariano –dijo el Rey al que quedaba.
-Por separado no juntamos ninguno los escaños que demanda la Constitución; ha sido una broma que el Destino nos ha jugado, Majestad.
El Rey, visiblemente serio, gritó:
-¡Pues únanse dos Partidos, o tres, o los cuatro, pero formen Gobierno de una vez! Y siguió: -Empiece usted, don Pedro, ¿qué se lo impide?
Y Sánchez, lloroso, exclamó:
-Yo he jugado sucio, Majestad, lo confieso: por llegar a la Moncloa, me negué a hablar con Rajoy que lo impedía; pero Rivera y Pablo no quieren estar juntos.
-¿Y usted, Rivera?
-Yo no puedo, don Felipe: “Podemos” y “Ciudadanos” somos antagónicos; vamos, uno blanco y otro negro, el agua y el aceite, que no cabe mezclar. Así, pues, si con Mariano no llegamos, con Pablo no podemos.
-¿Y usted, Rajoy?
-Con Albert, no llego; con Pablo no quiero; con Pedro no debo.
-Sí que lo ponéis difícil –siguió don Felipe-. ¿Y usted, don Iglesias? De paso, díagame, ¿por qué no lleva corbata ni chaqueta como los demás?
Pablo respondió tomándose su tiempo:
-A lo segundo porque soy revolucionario y lo llevo en la sangre: soy antisistema; y a lo segundo porque tengo más votos que Pedro y no consiento que él asuma la Presidencia del Gobierno.
El Rey, viendo que era imposible formar Gobierno con tantos impedimentos, dictó sentencia con rotundidad, dando un puñetazo en la mesa: “¡A votar de nuevo y no se hable más!”.
Francisco Tomás Ortuño
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