jueves, 4 de febrero de 2016

EL PALOMAR Redonda.

-El Sol se ha adueñado del cielo, Luciano.
-Por Murcia, Gedeón, que en Galicia no sabemos; ¿qué digo en Galicia?, no hay que irse tan lejos: en Jumilla, o en Águilas; y menos en Chile o en las Azores.
-Claro, claro, es que la Tierra es muy grande. ¿Lloverá alguna vez  en todos los países del mundo al mismo tiempo, Luciano?
-Pienso que no, Gedeón, que el Planeta reparte mejor que nosotros lo que tiene: lluvias por aquí, luego sol y después viento, pero rotando. No como los hombres, que unos siempre sol y otros lluvias de por vida.
-Por eso los menos favorecidos se cansan y salen de sus pueblos en busca de otras tierras. “¡Que tengáis suerte!”, dicen sus madres llorando cuando los ven partir. Son miles, Luciano, los que prueban fortuna.
Para encontrar luego fronteras cerradas a cal y canto. Cuando consiguen ganar la batalla al mar, encuentran vallas metálicas y guardias que les cierran el paso.

-Es tan grande el Planeta que nos lleva encima, Gedeón, que donde estés lo ves plano.
-¿Y cómo puede ser que siendo redonda la Tierra, los que viven abajo se mantengan de pie? En el hemisferio sur tendrían que andar boca abajo, como lo harían por el techo de una habitación.
-Pues que es redonda no hay duda, Luciano; los astronautas la han visto desde el cielo; y que en todas partes es llana, lo mismo; hoy no queda rincón por visitar ni mares por conocer y todo es  como aquí.
-Es un milagro. Gedeón. Si no, ¿cómo va a ser normal que las aguas de los mares no salgan despedidas al espacio y lanzando peces con honda, yendo a miles de kilómetros por hora? Es un milagro, Luciano, no hay quien me lo quite de la cabeza.
Y no hay que ver la Tierra desde la estratosfera, como una canica, para saber que es un milagro: Con observar tu cuerpo ya es suficiente.

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