martes, 2 de febrero de 2016

EL PALOMAR La Lengua

EL PALOMAR

La Lengua

La palabra “escritura”, Evaristo, se compone de lexema y morfema. “Escrit” es el lexema y “ura” el morfema. En las palabras derivadas  siempre permanece una parte, que es el lexema; la que cambia es el morfema. Así, de panadería, panadero, pan permanece. Es el lexema. El resto es el morfema.
-No empieces otra vez, Licinio, que ya sé que la Lengua tiene más teclas que un piano.
-¿Quién hoy se preocupa de la Lengua, Evaristo? Son las modas de escribir mensajes abreviados y no con la elegancia de una carta.
-Son otros tiempos, Licinio. Ellos dirán que la Lengua es para comunicarse y si con esa brevedad les basta, ¿para qué más adornos?
-Es que desaparecen aquellos pendolistas o calígrafos.
-¿Y para qué una escritura con adornos si decía lo mismo que sin ellos? ¿No será que con el tiempo se va dejando lo que no sirve? ¿Qué se tiende a lo funcional, a lo práctico? En un barco en peligro de naufragio, la tripulación tira por la borda lo innecesario. Quizás que los jóvenes, sin darse cuenta, dejen por inservible lo que no es necesario, aunque le pese a los que añoran otros tiempos. A los jóvenes les preocupa poco que “mujer” se escriba con jota o con ge. El fin que buscan es transmitir una idea y con eso les basta.
-Tal vez sea eso, Evaristo.

Francisco Tomás Ortuño


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