miércoles, 10 de febrero de 2016

DESDE MI PALOMAR Parecidos

-Hay personas, Anacleto, que se parecen en parte al padre y en parte a la madre; los parecidos son un misterio que yo no me explico. “Se parece a su padre”, oímos decir. “Para mí que es a la madre”, dice otro. Y luego ves que anda como su abuelo materno y que mueve los brazos como su abuela.
-Cada uno es él y solo él, Serapio.
-Estoy contigo, Anacleto; pero, sin duda, que hay rasgos que se heredan. En lo espiritual ocurre lo mismo: unos hijos son como la madre y otros como el padre; o como los abuelos. Y los hay también con mezclas de unos y otros, y hasta hay herencias atávicas de varias generaciones anteriores: “¿De dónde este lunar en el hombro izquierdo?”. Y alguien recuerda que su bisabuela tenía otro lunar igual.

-¿No se hereda el color de la piel, Anacleto? De negros nacen hijos negros; de blancos, hijos blancos.
-¿Y si en la pareja uno es blanco y negro el otro?
-Habrá una guerra interior que no vemos, por ver quién puede más.

-Hoy la ciencia manipula los nacimientos: “Este es bajo y feo, fuera; aquel, alto y con ojos azules, que siga”. Ya no es como antes, Serapio, que hasta que salían del claustro materno nadie sabía si eran bizcos como su tío o zurdos como su vecina.
-Si hasta pueden juntar en probetas gametos de una joven con espermatozoides de su abuelo.
-A dónde vamos a llegar, Serapio.


FRANCISCO Tomás Ortuño

No hay comentarios:

Publicar un comentario