lunes, 22 de febrero de 2016

21 febrero 16 DESDE MI PALOMAR

Ayer, domingo, estuve en una Exposición. Ofrecía cuadros enormes en movimiento, sobre grandes pantallas, que te hacían pensar que estabas en una sala de cine.
Luego estuve en otra de cuadros más pequeños; no de pintura normal, como pudieran ser de Velázquez, Murillo o Sorolla, sino cuadros con objetos pegados –ladrillos, zapatos o telas rotas-, bien enmarcados, eso sí, para que tú interpretes o te figures lo que quieras. ¿Se llamará Arte interpretativo o figurativo? Eres libre de pensar y sentir lo que te venga en gana.
A la salida de la Sala, me acerqué a la joven que vigilaba, y le pregunté: “¿A usted, qué le parece?”. Me comprendió enseguida, y contestó: “Es original”. Pero en su gesto quería decir: “A mí tampoco”.
Yo a estos artistas que exponen cuadros fuera de lo común, a la consideración del público, les haría pasar antes por la prueba del retrato. Si pasaban la prueba les dejaba exponer con cuadros de pegatinas.
Es como a los poetas que escriben sin rima ni medida de los versos. La prueba aquí sería hacer simplemente un Soneto.


Francisco Tomás Ortuño

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