-“Como sabemos que usted tiene compras de Planeta, venimos a regalarle una tablet”. Cómo saben entrar estos vendedores. Ya en las manos mostraban una bella tablet, último ingenio de la informática.
Era para mí un sueño desde que vi a una señorita que leía un libro en otra igual. “El libro del futuro”, le dije. Y ella me contestó que era ya del presente, que llevaba una biblioteca para escoger el libro que quisiera.
Y ahora me la ofrecían en mi casa como obsequio. ¿Cómo no iba a atenderlos con devoción? ¡Cómo se reirían viendo mi asombro y confusión! Cuando el ambiente fue más propicio, hablaron de los mejores Documentales de Historia que se habían hecho.
-“¿Pero vienen a regalarme una tablet o a venderme unos vídeos?”, pensé. Luego oí que “por ser vos quien sois” y en atención a ser tan buen cliente de la Editorial Planeta, dejaba el lote en mil seiscientos euros.
-¿Cómo lo quiere pagar? –siguió-, ¿en cuotas de diez, de veinte o de cincuenta euros? Es una gracia que hace Planeta a sus mejores clientes. Y este libro de regalo.
Cuando quedé solo y empecé a ver claro, comprendí que había sido objeto de la sugestión que emplean los vendedores en el Hotel Amistad o Siete Coronas con sus clientes para regalarles un jamón. Aquí era una tablet, en tu propia casa, pero el fin era el mismo: venderte unos vídeos con documentales por mil seiscientos euros.
Francisco Tomás Ortuño
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