Cuando estuve en Elche de la Sierra de Maestro, viví cuatro años con mi tío Jesús Loncán. Su hijo Pepe era guardia, cargo que le dieron por haber estado en la “División Azul”.
En cierta ocasión, hubo un loco en el pueblo del que contaban que se había escapado del manicomio y que era peligroso. Mi tío, desde su cama, de la que no podía moverse por enfermedad, quería saber las últimas noticias que circulaban.
A todos preguntaba: “Qué sabes del loco?”, “¿Cuándo viene Pepe que me cuente?”. No vivía el pobre. Pensaba que cualquier rumor o ruido que escuchaba era del loco, que venía por él. Cuando llegó su hijo, traje de guardia, gorra de plato, lo primero fue subir a ver a su padre. Mi tío respiró aliviado.
-¿Cómo estás, padre? -le preguntó. ¿Cómo has pasado la mañana?
-Yo bien, hijo, pero no perdamos tiempo, cuéntame cómo se escapó, si lo habéis cogido y dónde está ahora?
Pepe, serio, permaneció callado. Era un silencio expectante, tenso. Cuando mi tío esperaba la narración detallada, prolija, de los hechos, su hijo se limitó a decir: “Padre, lo que me pide forma parte del “secreto profesional”.
Mi tío quedó blanco, sin pulso. “Yo a quién lo voy a decir, hijo”, musitó. “Lo siento, padre, compréndalo, no puedo decir nada”.
Cuento esta verídica historia, por lo que cuentan que ha pasado al Rey Felipe VI con su padre, de indudable parecido. Don Juan Carlos, monarca retirado en sus aposentos de la Zarzuela, no vivía con las entrevistas de su hijo para formar Gobierno. “¿A quién le toca ahora?”. “¿Cuál tiene más posibilidades?”. “¿Qué dice Rajoy?”…
Y cuando supo que su hijo se decidió por Pedro Sánchez y que este quería pactar con “Podemos”, no dormía ni descansaba, nervioso, como si la vida se le fuera. Deliraba diciendo fuerte: ”¡Apiádate, Señor, de mi familia!”. “¡Ha llegado el fin de la dinastía!: Lo que se inició con Felipe V va a terminar con Felipe VI!”.
Francisco Tomás Ortuño
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