martes, 23 de febrero de 2016

DESDE MI PALOMAR

Hay una fiesta nueva en Jumilla, que se llama “La tamborada”: ruido a granel de tambores: pam, pam, pam, rataplam, pam, pam, pam, rataplam. Yo le dije a mi sobrina, cuando me dio la noticia, que me avise con tiempo para quedarme en Murcia. No soy amante de los ruidos.  

A mi mujer le gusta romper el huevo en la terraza con los nietos. Lo hace desde que sus hijos eran pequeños, y quiere seguir la tradición. ¡Cuánto disfruta mi mujer con los nietos rompiendo el huevo! “¡Ahora yo! ¡Ahora yo! ¡Me toca a mí primero!”. Miguel Ángel, Francisco, Pablo, Jaime y Alba se disputan el puesto para hacer de “gallina ciega”. El año pasado faltaron a la fiesta Gabriel y su hermana Isabel, que han pasado la barrera de la infancia y se creen mayores para seguir con juegos de niños. Es curioso, ahora no quieren seguir siendo niños y cuando pasen los años, querrán volver y no podrán.

En Aragón diluvió tanto que casi se ahogan: campos anegados, animales muertos… Creo que se pasaros los administradores de arriba. ¿Sería por no querer dársela a los murcianos cuando se la pedían?

Mi gata está encima de la mesa donde escribo. Ocupa justo tres cuartas partes de la misma, y aún quiere la otra cuarta. Como hay brasero y está caliente piensa que todo el monte es orégano. Veo que hasta los animales son egoístas.


Francisco Tomás Ortuño

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