viernes, 19 de febrero de 2016

19 febrero 2016 DESDE MI PALOMAR El Papa y las Obras de Misericordia.

El Papa ha vuelto de Méjico, donde ha pasado seis días con sus hijos, descendientes de los aztecas.
Hasta hace poco, los Papas no viajaban; esperaban en su trono, como estatuas, que fueran a visitarlos. Pero uno pensó: “Como hijos de la Iglesia que son, si ellos no pueden venir, iré yo a verlos”. Fue un paso decisivo. A partir de entonces, los Papas viajan por todo el mundo.
El Papa Francisco, este año, lleva con él a donde va “las Obras de Misericordia”. Como lluvia benéfica las va mostrando para que se conozcan y se cumplan.
Hay siete corporales y siete espirituales. Las corporales son: 1) Visitar a los enfermos.  2) Dar de comer al hambriento.  3) Dar de beber al sediento.  4) Dar posada al peregrino.  5) Vestir al desnudo.  6) Visitar a los presos.  7) Enterrar a los difuntos.
Y las espirituales: 1) Enseñar al que no sabe.  2) Dar buen consejo al que lo necesita. 3) Corregir al que se equivoca.  4) Perdonar al que nos ofende.  5) Consolar al triste.  6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.  7) Rezar a Dios por los vivos y por los muertos.
En el viaje de vuelta al Vaticano, llamó a Paloma Gómez, su acompañante de viaje, periodista, y le preguntó: “Con sinceridad, Paloma, ¿qué te ha parecido el viaje? ¿Habrá servido de algo?”. Y Paloma se tomó su tiempo para responder: “Yo creo que sí, Santo Padre, como son catorce las Obras de Misericordia, alguna hará su efecto”.
El Papa se sonrió con la respuesta y pronto le lanzó otra pregunta: “¿Y cuál crees tú, Paloma, que dará más fruto?”. Ahora no tardó tanto su compañera en responder: “Hay Obras en las corporales y en las espirituales, muy difíciles de cumplir, Santo Padre: Aunque quisieran, no podrían llevarlas a cabo”.
El Papa Francisco seguía atento a las explicaciones de la Borrero. Como vio que se callaba, la instó a seguir: “Por favor, Paloma, siga y no se detenga; ¿qué Obras de Misericordia no podrán realizar?”. Otra vez se tomó su tiempo la periodista antes de seguir:
-¿Cómo van a dar los que están necesitados, Santo Padre? ¿Quién puede acoger  a tantos inmigrantes que vienen de otros países? ¿Cómo sufrir con paciencia los defectos del prójimo? ¿Sabemos acaso los nuestros?
El Papa Francisco siguió callado el resto del viaje.
  

Francisco Tomás Ortuño

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