-¿Hablamos de Política, Ricardo? ¡Por fin ha pactado Pedro Sánchez con Ciudadanos! El PSOE ha dejado a “Podemos” en la Estacada.
-Era un novio con dos novias y se decidió por una. Aquí no era la que más le gustara, sino la que más le ofreciera.
-¿Tú qué pides, Pablo?
-Yo, Pedro, me conformo con la Vicepresidencia y los cinco ministerios más relevantes.
-¿Y tú, Albert?
-Yo haré como la Ratita del Cuento: dormir y callar.
-Pues, no se hable más, Rovira, contigo me he de casar.
-¿Para cuándo la boda, Pedro?
-Sorprendamos a la parroquia, Albert: hoy mismo.
-¡Bravo, Pedro! ¡Me gustan las decisiones valientes y rápidas! Trae el Libro de firmas y que salga el sol por Antequera.
-Para lo bueno y para lo malo, Albert, como en los matrimonios, quede claro.
-Y para siempre jamás, Sánchez.
-Vamos a sellarlo con un abrazo, como el de Vergara, Rovira.
-Yo no me acuerdo lo que pasó en Vergara, soy muy joven, cuéntamelo tú.
-Yo no soy mucho mayor, Albert, pero ese día no hice novillos: Fue un Tratado de Paz en la Primera Guerra Carlista, en 1839, firmado en Vergara, de la provincia de Guipúzcoa, por los Generales Espartero y Maroto en calidad de Jefes de los Ejércitos Cristino y Carlista. Espartero, partidario de Isabel, hija de Fernando VII, se comprometió a mantener los sueldos de los militares carlistas y a soltar a los prisioneros que había en la cárcel.
-Claro, en los pactos hay que dar y recibir para ponerse de acuerdo.
-¿Y qué pasó después del Abrazo que se dieron Pedro y Pablo, digo Pedro y Albert?, que con tantos nombres ya me lío.
-Que en la euforia del champán, Pedro Sánchez no vio que la novia era tuerta.
-No entiendo lo de la novia tuerta, ¿quieres ser más explícito, Ricardo?
-¿Cómo te lo diría? Pedro Sánchez pensó que la boda era ideal para resolver sus problemas, pero pronto cayó en la cuenta de que la boda no daba para ser Investido Presidente de la Nación; y que los amigos se le echaron encima con un enfado monumental, gritando que no había contado con ellos para su boda. Y el pobre tuvo que romper la boda y, llorando, marcharse a casa. Nadie más supo de él aunque cuentan que acabó en una Casa de Salud.
Francisco Tomás Ortuño