De un estante de casa, con anaqueles llenos de libros, cojo uno de estos al azar, lo abro al albur y leo: “Hace unos días, veníamos la familia en el coche. “Hoy cumplo cincuenta y dos años”, dije. Uno de mis hijos comentó enseguida: “¿Cómo se ve la vida a los cincuenta y dos años?”. “Se ve la montaña por detrás”, le respondí. “La vida es ascensión primero y descenso después: El joven sólo ve subida por delante; el mayor, sólo bajada”.
Hoy, treinta años después, contestaría: “La vida es una carrera. La suerte del mayor es que está más cerca de la meta”.
Francisco Tomás Ortuño
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