viernes, 11 de marzo de 2016

DESDE MI PALOMAR Claridades

El Maestro se levantó aquella mañana de buen humor. Cuando estuvo con sus discípulos, les dijo eufórico:
-Quien a vosotros escucha, a mí me escucha.
Luego siguió más serio:
-Quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza.
Sus amigos seguían atentos.
-Quien me rechaza a mí, rechaza a quien me ha enviado.
-Entonces, ¿tú eres otro mensajero? ¿Dónde está el que te manda? –pensó uno de los doce que escuchaban.
-El Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Los discípulos se miran unos a otros sin comprender. Jesús siguió:
-No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
Los discípulos se miraban sin saber lo que decía. Uno creyendo que bromeaba, se atrevió a decir:
-Habla en arameo, Maestro, que es nuestra lengua. Y el más fiel callaba; pero luego a solas con Jesús, le dijo:
-Maestro, nosotros somos pescadores y no fuimos a la Escuela. Dinos las cosas claras si quieres que te entendamos. O mejor, danos poderes para hacer milagros, que de otra forma nadie nos hará caso. ¿Cómo vamos a decir que tú eres enviado por tu Padre y luego que tu Padre eres tú? Esta gente es dura de mollera y quiere ver milagros para creer lo que les dices. Mira Jesús, no sigas con embrollos de si tu Padre dijo o no dijo, ni si Moisés escribió o dejó de escribir. Tú dinos claro por dónde empezamos a predicar y qué tenemos que decir, y al grano. Que estoy viendo que los doce que elegiste empiezan a refunfuñar por lo bajo como Pablo y Errejón.
Jesús quedó pensativo.


Francisco Tomás Ortuño

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