miércoles, 9 de marzo de 2016

DESDE MI PALOMAR Dentaduras A mi amigo J.P.G.

-Ayer, martes, mi Señora y un servidor anduvimos de dentista. Hacía dos años que nos puso la dentadura que portamos. A mi Señora le quiere cambiar la que lleva y a mí ponerme otra nueva.
-Claro, Amadeo, lo suyo es poner dentaduras.

“A ver, a ver, abra la boca; nada, otra dentadura. ¿Y usted? Al sillón, abra la boca. ¡Qué desastre! Dentadura nueva, no se hable más”.

-¡Qué afición a poner dentaduras, Panciano!
-Claro, como que vive de ellas. ¿Son Caras?
-Del susto te puedes desmayar, Paciano. Una Señorita te recibe en otro despacho.

“Se van a quedar de veinte años, como si fuera la suya. Y a vivir, que son dos días” –nos dice.

-¿Y qué nos van a costar? –pregunto.
-Usted no piense en lo que van a costar; mejor, en cómo van a vivir con ella.
-Sí, claro, pero tendremos que pagar, ¿o es que las regalan? –se atreve mi señora.
-Mujer, ¡qué humor tiene! ¿Cómo no le va a cobrar la dentadura el doctor? Vive de eso. Tiene usted la gracia por arrobas. ¿Quiere un café? ¿Prefiere con leche?
-A mí una tila para el susto.
-¿Qué susto?
-El que veo que me va a dar.
-Solo cuatro mil quinientos euros cada una. Poco dinero. Y si quiere lo pagan en dos años sin intereses. O sea, ciento ochenta euros con cincuenta céntimos cada.
-¿Cada qué?
-Cada uno y cada mes, eso no es nada.
-Si no es nada para usted un millón trescientas cincuenta mil pesetas, para nosotros es mucho dinero. Y perdone, es que nosotros aún nos acordamos de la peseta; como vivimos con ella más de sesenta años.


Frncisco Tomás Ortuño 

No hay comentarios:

Publicar un comentario