-Mi mesa está llena de libros y revistas, que nada mejor que el ejemplo para persuadir.
-¿Qué quieres decir, Pionio?
-Lo que he dicho, Alfonso: si quieres que lean tus hijos, llena la casa de libros donde leer. Si quieres que vayan a Misa, nada como ir tú primero. Mi amigo Juliano decía a sus hijos que el tabaco era malo y fumaba delante de ellos como un carretero.
-¿Cómo fumas delante de tus hijos y les dices que no fumen? –le reproché un día. Él me contestó que nadie mejor para decirles que el tabaco era malo.
-¿Y tú por qué fumas?
-Porque no puedo dejarlo; que una cosa no está reñida con la otra.
Casi me convenció. Por saber que una cosa es perjudicial, no voy a dejar de recomendarla a otros, y menos a los hijos, a los que tanto se quiere.
-Decía y digo que mi mesa está llena de libros y revistas.
-¿Me lees algunos títulos?
-El que tengo más a mano se titula “La revolución de los jóvenes” y su autor, Francisco Papa. Cerca hay otro: “Así piensa el Papa Francisco: Selección de mensajes y homilías”. Este debe de ser como mis “Fumarolas” o mis “Litesofías”, pero de tema religioso. Los dos llevan en la portada la figura del Papa bonaerense. Allí un “Catálogo” con bellas fotografías del Cristo del Perdón, editado por la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Luego una revista de “Hacer familia”, a la que estamos suscritos. Y así varios más. ¿Comprendes lo del ejemplo?
-¿Sabías que hoy es tu Santo, Pionio?
-¿No he de saberlo, Alfonso? San Pionio nació en Esmirna, la actual Turquía. Fue encarcelado por hacer apología de su fe cristiana delante del pueblo. En la cárcel animó a otros presos hasta su muerte a soportar el martirio.
-Y para terminar, ¿qué le dice un boxeador a su amigo fuera del ring?: “Mejor es dar que recibir”. Le hablaba de golpes al contrario, como es natural, que no de obras de caridad.
-¿Sabes tú, Pionio, lo que dijo uno a su amigo en una conversación por el parque?
-¿Cómo he de saberlo, Alfonso, si yo no estaba allí? Cuenta, cuenta, que no tenemos prisa.
-Dos amigos muy aficionados al fútbol, acordaron volver el que antes muriera a decirle al otro si en el Cielo había campos de fútbol. Uno murió pronto y volvió a decirle al otro: “Dos cosas vengo a decirte: Una que sí hay campos de fútbol; y otra que vas en la alineación del próximo domingo”.
Francisco Tomás Ortuño
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