Miércoles, las cuatro y media, o half past four, en mi retiro habitual. Cuántas cosas que contarte, Severino. En otra fecha más corriente, diría: “Otro capicúa, Severino; cada mes, como cada año, tiene su palíndromo”. Pero hoy hay hechos de más calado.
-¿A qué te refieres, Donato?
-¿Viste el partido de anoche, entre el Atlético de Madrid y el PSV Eindoven belga? ¡Qué emocionante! Empataron a cero; la prórroga, lo mismo; y en los penaltis seguía el empate hasta el octavo tiro del Eindoven que dio en el larguero. ¡Qué locura se desató! El entrenador atlético, loco, salió corriendo por el campo a celebrar la victoria.
-¿Qué más hechos ocurrieron ayer, Donato?
-A mi señora le quitaron la placa metálica que le pusieron en la muñeca. Cumplida su función de unir unos huesos rotos, le molestaba lo suyo.
-¿Cómo?
-El cuerpo no acepta que seres extraños invadan su casa, y pasado un tiempo prudencial, quieren echarlo a patadas. Cada día mi Señora presenciaba una batalla entre dos fuerzas antagónicas. “¡Fuera!”, decían unos; “¡fuera de aquí!, ¡tú no eres de los nuestros!”. Hasta que el médico tuvo que abrir de nuevo y sacar lo que introdujo con alevosía y allanamiento de morada.
-¿Y nadie ha protestado, Donato?
-Nadie, Seve, que cada uno donde mejor se encuentra es donde ha nacido. Los indígenas bailaron de contentos celebrando la victoria.
-Podía probarse lo mismo con los emigrantes, Donato.
Francisco Tomás Ortuño
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