Murcia, las once, en mi camarín. Día bueno, meteorológicamente hablando, que en otros aspectos hay truculencias y perversidades sin cuento. Los políticos se acusan unos a otros de haber cometido fechorías que no han cometido. El caso es acusar, que algo queda.
-No es limpia la política. Algunos con tal de ganar las elecciones y gobernar son capaces de cualquier cosa.
-¿Será esa la condición humana, y no poder hacer otra cosa?
Ayer fui a la catedral. Se ofreció una Misa a san Josemaría Escrivá de Balaguer. El templo estaba a rebosar de fieles. Estos fieles tenían su matiz: no eran simples cristianos que iban a cumplir con su deber dominical, no; estos fieles a los que me refiero, eran del Opus Dei, obra que creara don Josemaría Escrivá de Balaguer, y que adoran al fundador como al mismo Cristo.
El Opus Dei consistía y consiste en actuar cristianamente, santamente, cada cual en su trabajo. Algo tan simple tuvo que ser para muchos como si hubieran descubierto el modo de ganar el Cielo aquí en la tierra. No eran santos solo los curas y las monjas sino que todos podían serlo obrando santamente en su trabajo.
Si eso mismo lo dices tú, no te hacen caso. Si lo dice el fundador en otro momento ni lo escuchan. Pero lo dijo justo cuando podía fructificar, y la tierra se llenó de seguidores fieles del Opus Dei.
Así nacerían otras Órdenes religiosas como de los Franciscanos, Dominicos y Jesuitas, que eran de nacer, llegó su momento y no tuvieron más remedio que emerger a la vida como los niños que vienen de París y su fin es nacer sin remedio.
La Misa estuvo oficiada por el Arzobismo de Burgos, emérito, acompañado por seis sacerdotes de la Obra. Y es que si algo distingue a la Obra de otros grupos cristianos, es la grandiosidad.
Si la Eucaristía servía lo mismo con un sacerdote, aquí tenía que decirla un Arzobispo y seis curas. Si San Francisco de Asís quiso ser pobre y vivir de limosnas, San Josemaría Escrivá de Balaguer quiso templos suntuosos y trajes de corbata para sus seguidores.
A Dios se llega de muchas maneras y por distintos caminos. El caso es alcanzar la meta, que es una y única.
-A mí, Jerónimo, me gusta la aristocracia de la Obra; a otros quizás le atraiga más la pobreza franciscana. Hay caminos para todos los gustos dentro de la Iglesia. Es cuestión de elegir y seguir uno con fidelidad. Y en el Cielo darse un abrazo como héroes que han salvado el duro camino de la vida terrena.
Francisco Tomás Ortuño
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