Oigo voces por Santana la Vieja. ¿Habrán dormido en tiendas de campaña?
Hace años, siendo mis hijos pequeños, subí con ellos a pasar la noche allí en una tienda de lona. La montamos cerca de la fuente, y cuando nos disponíamos a dormir, llegaron unos moteros con ruidos de muchos decibelios, que rompían el encanto de la noche.
Permanecí callado dentro, creyendo que se irían pronto. Pero no tenían prisa: destaparon botellas, bebieron y cantaron. Y cuando pensaba que iban a montar una pelea de unos contra otros, llegaron otras motos ruidosas.
Se unieron a los otros, y siguieron la juerga. ¿Qué hacer? Los niños dormían y yo, callado, temí que repararan en la tienda y que fueran hacia allí.
De pronto, cuando habían pasado como diez minutos desde que llegaron los segundos moteros, alguien dijo fuerte: “¡Vamos a bañarnos a la balsa del “Prao”!”. Fue providencial. Encendieron las motos -¿las habían apagado?-, montaron y desaparecieron. Fue una pesadilla con final feliz. Volvió el silencio, renació la calma y me dormí.
Francisco Tomás Ortuño
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