domingo, 19 de junio de 2016

DESDE MI PALOMAR DIPLOMACIAS

En la vida hay que ser diplomáticos. La diplomacia en las relaciones humanas no es servilismo ni hipocresía. Es, más bien, un lubricante para un mejor rodamiento de las relaciones. Las personas diplomáticas suelen quedar bien ante los demás. Ese quedar bien es fruto de una mente lúcida, de afrontar con tacto las variopintas situaciones que la vida ofrece.
El hombre diplomático no se enfrenta airado a su oponente. Sabe sonreír. No pierde la calma. Quizás esté la clave de la diplomacia en esconder con siete llaves el yo íntimo, en mostrar serenidad y aplomo aunque esté lejos de sentirlos. Los políticos lo practican a menudo.
Días de bochorno. La gente se altera fácilmente, pierde los estribos. Es cosa de los nervios. Qué importante es amarrar con fuerza las pasiones y ser dueños de uno mismo, de dominarse. A veces cuesta lo suyo. Guerra a los nervios.
Desde pequeños se debía de enseñar a los niños a no perder los estribos: es de capital importancia en las relaciones humanas.

Francisco Tomás Ortuño

No hay comentarios:

Publicar un comentario