miércoles, 1 de junio de 2016

DESDE MI PALOMAR CALUMNIAS

-Murcia, las dos menos cuarto, a lomos de mi amigo Salvador.
-Oye, ¿qué es eso de “a lomos de tu amigo?”. Más respeto con los muertos.
-Perdona, Salvador, quería decir encima de la calle salón que lleva tu nombre. Es que vengo enfadado con la Política.
-¿Qué te ocurre, Zacarías?
-Hay quien no sabe perder y en vísperas de elecciones sobre todo lanza infundios para que otros los recojan, que dice el refrán: “Tú calumnia, que algo queda”.
-¡Cálmate, hombre de Dios!
-No hay derecho a murmurar, Pancracio, pero menos a calumniar. La acusación cierta para hacer daño es indigna; pero si además es falsa debe ser un delito de cárcel. No es justo que se atribuyan falsamente a otro palabras, hechos o intenciones con el fin de echarlo del puesto que ocupa.
-Ante estas situaciones, Zacarías, hay que escuchar con lupa y al final cortar de raíz la especie.
-No te entiendo, Pancracio.
-Si te cuentan algo de alguien, hazte tres preguntas: Una: ¿Está seguro de lo que dice o se lo han contado a él? Porque si viene rodando de lengua en lengua lo que oyes, poca garantía puede ofrecer de ser verdad.
En segundo lugar: ¿Es bueno para alguien lo que cuenta? Porque si nadie se va a beneficiar, lo mejor será parar la noticia, chisme o rumor para que no lastime a persona.
Y en tercer lugar: ¿Es necesario que se sepa? Porque si no es necesario, ¿qué aporta la noticia?
Así que ante la imputación de un delito, o comisión de un hecho punible, a usar del tamiz y averiguar si es verdad, si es bueno o si es necesario. Y luego a olvidarlo.

Francisco Tomás Ortuño

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