Mi hermano Amós tenía una finca por el Campo de Cartagena. Un día fuimos los demás hermanos a estar con él. Cogimos muchas naranjas de su huerto y las echamos en sacas a los coches. ¡Qué hermosos estaban los naranjos con sus naranjas como bolas de un árbol de Navidad!
Amós, queriendo dar ejemplo, descortezó una naranja gorda y se comió el jugoso fruto. Nosotros hicimos pronto lo mismo en una fiesta pantagruélica y glotona. A la hora de comer, Amós se llegó a la Puebla, que era el pueblo vecino, y cargó una cesta de empanadillas, patatas, morcillas, cerveza y pan. Amós poseía el don de no atascar. ¿Quién dijo que no había comida? Allí estaba él con su cesta repleta de viandas. No se detenía mi hermano por tan poca cosa.
Francisco Tomás Ortuño
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