miércoles, 27 de abril de 2016

DESDE MI PALOMAR

Me llegó hace unos días la Revista “Selecciones” del mes de Abril. Esta Revista es como “de la casa”. Sentiría deshacerme de ella, porque lleva con nosotros muchos años, muchísimos, más años que tienen mis hijos.
Hacía yo el Servicio Militar, cuando un compañero de Moratalla, Ramón Sánchez, me invitó a ir a su casa. Conocí a sus padres y a su hermana, Maruja, con la que mantuve después una correspondencia larga en el tiempo. La noche que dormí en la casa de mi amigo, vi por primera vez la Revista “Selecciones Reader´s Digest”, en la mesita de noche. Era el año 1954.
Luego, ya licenciado, me suscribí a la misma, y hasta la fecha no he dejado de recibirla. En mi casa de Santana, Jumilla, a donde vamos con frecuencia, tengo en el estudio lejas donde las guardo ordenadas por años. Me encanta coger al azar una cualquiera y leer de nuevo sus artículos, o comparar los anuncios que encuentro con los de ahora.
He leído con asombro lo que cuenta un lector en su artículo “Informe Matinal”. Dice que murió su madre y al quedar solo su padre, él y su hermana, que vivían lejos, decidieron mandarle un correo por internet todos los días para saber cómo había pasado la noche.
Esta correspondencia les sirvió pronto para conocer sus actividades diarias, como decir el padre “lo que había comprado de la tienda para comer, o la clase de ejercicios que había practicado aquella mañana”. ¿Qué mejor manera de mantenerse unida la familia que contarse todos los días lo que hacen?
Y digo que me sorprende lo que cuenta este lector, porque yo hago lo mismo. Pensé en su momento que la familia debe estar unida siempre y que el ordenador y el internet proporcionan el medio de mandar mensajes para darse los buenos días y saber cómo estamos. Y lo principal, quizás, que los nietos luego harán lo que ven hacer a sus padres.

Francisco Tomás Ortuño

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