-Chocar dos aviones en vuelo será poco probable, Eustasio, que no son coches en una autopista.
-Los aviones tienen también sus rutas por donde ir, Julián, que si van de Madrid a Sevilla no pasan por Santander, o si van de Barcelona a Berlín no van en dirección a Atenas. Uno que va y otro que vuelve pueden colisionar en el camino.
-Pero con tanta altura y tal anchura de vías, también sería mala suerte.
-Los aviones saben muy bien por dónde deben ir; así que el accidente puede producirse, Julián… Y como no tenemos carnet, ni menos horas de vuelo, vamos a callar.
-Es que ha habido un accidente aéreo, Eustasio. Como hay tantos actos terroristas de un tiempo a esta parte, he pensado si sería un sabotaje.
-No vendas la piel del oso antes de cazarlo, Julián; quiero decir que no pienses mal antes de que haya pruebas. Cuando hable la caja negra del avión, podremos hacerlo nosotros. Y ni entonces deberemos hacerlo, que doctores tiene la Iglesia.
-¡Qué mal lo pasarán los viajeros cuando el piloto pierda el control del avión a esa velocidad!
-Leí que un piloto, yendo solo, tuvo que saltar del avión incendiado, a más de mil metros de altura, y vio que el paracaídas con que contaba estaba ardiendo. Luego, inexplicablemente, despertó entre nieve en un bosque. “¿Cómo me he salvado?”, se preguntaba incrédulo recordando la caída.
-Cuando Dios quiere, con todos los aires llueve.
Francisco Tomás Ortuño
No hay comentarios:
Publicar un comentario