-Si te soy sincero, Florentino, a mí me gusta ver jugar al fútbol, pero no que luego hablen los jugadores. Lo mismo te diría de la música: las canciones de Raphael o de Julio Iglesias me encantan, pero ver a los cantantes me exaspera.
-Para ellos debe ser importante que los vean, Atenodoro.
-Con hacer bien su trabajo, sobra. Es como los comentaristas, ¿para qué ver a un señor bajo y calvo comentando las jugadas? Lo suyo es comentar y punto.
-¿Y a ti qué más te da?
-¿Y en Política? ¡Cuántos ganarían no saliendo en televisión! Yo, de su Partido, a un tal Errejón le prohibía mostrar la cara; no se expresa mal, pero salir en televisión le resta puntos. En la estimación de las cualidades de una persona, mezclamos sus valores, Florentino sin darnos cuenta.
-¿Tú crees, Atenodoro?
-“¡Qué bien habla don Fulano! ¡Es tan guapo!”, oímos decir. “¿Tú a quién vas a votar?”. “Yo a Donaciano, que tiene los ojos azules”. Pero ¿qué tendrá que ver la inteligencia o la bondad de una persona con su figura?
Francisco Tomás Ortuño
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