sábado, 23 de abril de 2016

DESDE MI PALOMAR PREOCUPACIÓN A mi hija

-En ocasiones, Salpucio, la Tierra se enfada y nos castiga con lluvias que no queremos, con vientos que nos perjudican, con granizos que destruyen las cosechas.
-¿Tú crees, Nicandro?
-Cuando ve que le hacemos daño nos mira con severidad, y hasta nos da un cachete. Fuera de esos casos, ella sigue su marcha, indiferente: “Sed buenos”, dice, “y a mí dejadme en paz, que bastante tengo con no desviarme en mi camino”.
-¿Será verdad?
-Es que el Universo, del que la Tierra forma parte, como España de la Comunidad Europea, es anterior al hombre, Salpucio. Cuando nos vimos por primera vez aquí y nos preguntamos a qué habíamos venido y quién nos trajo, ya existían los planetas, el sol y las galaxias.
-Claro de toda claridad, Nicandro.
-Tuvimos que aceptar lo que había y depender de lo que encontramos. ¿Cómo íbamos a cambiar las reglas de los astros? Nos aceptó, indulgente, como el que deja su vivienda a un pobre. “Toma, pero no molestes”, fue su ruego.
-Normal.
-Y así estuvimos tiempo; mas, cuando vio la Tierra que su invitado rompía lo que encontraba, se peleaba con bombas que inventó, que construía rascacielos y contaminaba los ríos, lo miró alarmada.
-¿Y qué hicieron, Nicandro?
-En un alarde de optimismo, pensaron que rectificaría. Pero viendo que iba a peor, se reunieron a ver qué solución le daban al “problema hombre”. Y creo que en eso están; pronto sabremos su veredicto.

Francisco Tomás Ortuño

No hay comentarios:

Publicar un comentario