Murcia, miércoles, half past eight. Ciento diez días pasados del año por doscientos cincuenta y cinco por pasar, Andrónico: aún gana lo que queda de año a lo pasado; pero pronto le comerá este el terreno y se igualarán. Esto será el uno de julio. A partir de entonces, la subida se hará bajada y el vencedor hoy será devorado. Y así todos los años. En cada doce meses, vemos representada la vida de una persona. El año nace débil, sin cesar va creciendo, hasta que pronto suplanta a los padres. Hoy, 20 de abril, el neonato se ha consolidado, tiene fuerzas suficientes para emanciparse y seguir solo.
-Vale ya, Teodoro, deja el tiempo y habla de algo más divertido.
-Sea: Según un estudio hecho en la Universidad de Ohío, Estados Unidos, el ser humano expresa por su rostro una veintena de emociones distintas: unas cinco básicas: felicidad, sorpresa, ira, tristeza y miedo; y las demás, compuestas.
Darwin estudió estas emociones faciales y dijo que eran innatas, ya que se daban lo mismo en todas las razas y culturas. Nadie se reía para llorar ni lloraba para reír; todos expresaban ira o miedo de la misma forma, y los músculos de la cara se disponían de la misma manera en China que en Gabón para expresar sorpresa, dolor u odio.
-¡Qué curioso, Teodoro! ¿Puedo hacer una objeción a la regla darwiviana? Los chinos se ríen aunque estén tristes.
Francisco Tomás Ortuño
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