Murcia, la una y media, en mi estudio. Otra “Fiesta del Libro” por la muerte de Cervantes, en 1616; o sea, justito, justito, hace 400 años.
El año pasado fui llamado a la Caixa, junto al río, a dar una Conferencia. ¡Qué pronto ha pasado un año! Si hubiera repetido este con otra charla hubiera dicho lo mismo que dije entonces: que don Miguel nació en Alcalá de Henares en 1547, que era el cuarto de siete hermanos, que su familia pasaba apuros económicos, que estuvo en la batalla de Lepanto, contra los turcos, en 1571, con don Juan de Austria y quedó herido de la mano izquierda, que casó con Catalina de Salazar y que le gustaba escribir más que a Pedro Sánchez ser Presidente del Gobierno, que ya es decir.
De esta afición por la escritura le nació Don Quijote. No era mal poeta, pero los había mejores, como San Juan de la Cruz, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León… Se empeñaba en escribir obras de teatro, pero Lope de Vega era un monstruo –más de ciento en horas veinticuatro, pasaron de las musas al teatro-. Luchador sí era don Miguel: Si no podía sobresalir con sus poesías –Yo que siempre me afano y me desvelo –por parecer que tengo de poeta –los dones que no quiso darme el cielo…-; si en el teatro no era capaz, escribió novelas. Y entre sus novelas tuvo el “partazo” que yo llamo, del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Y poco más y nada menos.
Como una vida se cuenta en menos de dos horas, añadí a mi Conferencia dos aspectos importantes de su obra: el histórico y el lingüístico.
En la Historia, don Miguel de Cervantes vive con Felipe II, cuando el sol no se ponía en sus dominios; pero también cuando se ven las sombras de una pronta decadencia. De Lepanto a la Invencible-1571 a 1588-, la vida cambia en el imperio español y los grandes observadores lo detectan, lo atisban, lo ven: Cervantes escribe su ingenioso hidalgo: idealismo de don Quijote y realismo de Sancho Panza –son gigantes, son molinos-. Quevedo expresa en un soneto: “Miré los muros de la patria mía –si un tiempo fuertes ya desmoronados…-. Y así fue: sus sucesores Felipe III, Felipe IV, Carlos II, son escalones que llevan al hundimiento de los Austrias y al siglo XVIII con los Borbones.
En cuanto a la lengua, diría que del lejano Indoeuropeo nacieron otras lenguas, como albanés, eslavo, griego, itálico… Del Itálico se derivan el Latín el Osco, el Úmbrico… Del Latín nacen el Español, el francés, el italiano, el rumano… Y ya en el Español contaría su trayectoria desde El Mío Cid -1140- hasta el Siglo de Oro –XVI y XVII-, para terminar con la obra cumbre de la Literatura española que celebramos hoy.
Me acuerdo que cuando dije al Profesor que iba a dirigirme la Tesis Doctoral, que versaría sobre Don Quijote de la Mancha, me contestó: “Del Quijote ya está todo dicho”. ¡Qué decepción”. Pero yo busqué un aspecto nuevo: Su Didáctica.
Y fue que oía decir a compañeros de toda edad y condición que no habían leído el Quijote. ¿Cómo es posible?, me preguntaba yo. Y buscando encontré la causa: había un problema de Didáctica, de enseñanza.
Y escribí tres Quijotes: uno para niños pequeños, otro para escolares y un tercero para mayores. El primero con aventuras para ser contado por los padres, como hacía el mío, y se aprenden nombres como don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea del Toboso, molinos de viento, Rocinante o Casildea de Vandalia. El de escolares con todos los Capítulos resumidos y un apéndice con Refranes, Palabras explicadas y Personajes de la obra. El tercero o para mayores, lo abarca todo de principio a fin, con frases explicadas.
Francisco Tomás Ortuño