Por la tarde estuve en la Arrixaca. No diré que hablara con mi hermano, que no sería cierto, pero sí que vi mejoría en su rostro. Estuvimos Paco, Lina, Antonia y yo. Fueron décimas de segundo, pero abrió los ojos, como volviendo de muy lejos y preguntando dónde estaba. Volvió a cerrar la puerta y nos dejó fuera. Su hija le cogió una mano y él parecía agradecer su contacto.
¿Nos lo dirá luego? ¿Guardará recuerdos de su estado, que nos revele después? Yo espero que nos cuente dónde estuvo y a quién vio? Que son situaciones peculiares que, por lo general, no se dan en la vida. Como dije del sueño en “Duermevela”, una de mis poesías: “Tan pronto dentro como fuera; ahora aquí y después allá”. En su caso, entre dos mundos.
Aunque haya sido un pelín, ¿qué vio?, ¿cómo era?, ¿conoció a alguien? ¿O fue como la Cueva de Montesinos del Quijote, Capítulo XXIII de la Segunda Parte, donde vio muchas cosas y no eran verdad? Yo le preguntaré de todos modos, aunque si se excede piense que vio sin haber visto lo que cuenta.
Francisco Tomás Ortuño
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