-Los hombres primitivos, Engracia, se resguardaban en cuevas. Luego vieron que en la cueva cerrada no entraba viento ni lluvia, y construyeron puertas. Y el progreso trajo las comodidades que tenemos hoy. ¿Quién, hace cien años, pensaba que el cine cabía en su casa? ¿Y que podía tener aire acondicionado? Era su inteligencia que pensaba y veía lo que hacer para vivir mejor.
Yo mismo vi que las moscas eran molestas. “¿Cómo me las quitaría de encima cuando leo o escribo fuera?”. Y un día me dije: “¿Por qué no hacer una casa pequeña donde ellas no puedan entrar?”. La idea había saltado al reino de los vivos. Todo consistía en hacer paredes de celosía fina por donde los insectos no cupieran.
Llamé al herrero y se lo dije: “Quiero una casita de dos metros de larga por dos de ancha, con puerta y tejado, donde pueda estar sin moscas que me molesten. A los pocos días la tenía construida. Solo faltaba la tela metálica que cubriera las paredes. Desde que la tuve, la llamé jaula y gocé viendo que mi sueño se había cumplido: en pleno monte, en medio de la naturaleza, escribía y leía viendo que las moscas se estrellan en la tela, visiblemente airadas por no poder conseguir sus fines de llegar a mi rostro.
Creo que todos los inventos han nacido de una necesidad en la que antes no se había pensado. A la vuelta de unos años habrá remedios a otras necesidades que vayan surgiendo. Entonces quizás se piense: “¿Cómo podían vivir a comienzos del siglo XXI sin coches voladores?”. Cuántas y cuántas cosas están por nacer que desconocemos. Algo así como hoy nos admiramos de que en el siglo XV usaran plumas de ave para escribir y no pensaran en los bolígrafos que usamos hoy.
-Yo pensaría, Gustavo, en el libro con todos los inventos que a lo largo de la historia han ido apareciendo, con la fecha de nacimiento y la necesidad que lo hizo venir al mundo. Sería curioso saber cuándo el hombre dejó la pluma de ave por la metálica; cuándo se sustituyó esta por la pluma estilográfica y esta por el bolígrafo. Cuándo las luces con tea dieron paso a los carburos, capuchinas y bombillas eléctricas. O la máquina de escribir al ordenador. O la navaja de afeitar a la maquinilla. O la pintura a la fotografía.. O… Un libro que contara dónde, cuándo y por qué nació cada cosa.
Francisco Tomás Ortuño
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