martes, 24 de mayo de 2016

DESDE MI PALOMAR CARTAS

-Como martes, fui temprano a Inacua: a las ocho me bañaba en la piscina. Luego pasé al jacuzzi, y después estuve en las saunas.
-¿Hay más de una?
-Según me han informado, una es finlandesa, para los huesos; otra turca para los pulmones. En las saunas se habla. Los que toman su baño, suelen hablar de política. Comentan los últimos sucesos de la vida nacional. Para unos Rajoy es el mejor; para otros Pedro Sánchez. Para otros ninguno o los dos. Es lo propio de estos sitios y de los españoles: hablar por no callar.  ¡Con lo delicado que es soltar lo que se piensa sin saber con quién se habla!

¿Pensamos bastante en lo que es escribir y que mi hijo lo reciba en Chile? ¿O en China o en Japón? Ves que es verdad pero no sabes cómo llega el mensaje. Que yo le diga que esta mañana fui  al baño a las ocho de la mañana y que él lo lea al instante, ¿no parece cosa de brujas? ¿Yo aquí en mi habitación con puertas y ventanas cerradas y que se traslade lo que escribo a Nueva York o a Santiago de Chile? ¿Quién me sabe decir cómo se obra el milagro? ¿O es que soy yo solo el que no lo comprende?
Es como el teléfono móvil, ¿cómo puede ser que un aparato recoja tanta información y la ofrezca generosamente a quien la pida? Mis nietos y nietas lo utilizan sin darle importancia, pero creo que no piensan como yo en cómo se realiza el prodigio.. Quizás el impacto sea no haberlo tenido antes y verlo ahora. Para ellos como la cosa más natural del mundo.
Ayer recibí una carta de mi prima Emilia, monja ella. ¿Cómo no escribe con ordenador sus cartas? “Copiapó, 25 de abril 2.016. Mis queridísimos primos…”. ¿Cómo sigue escribiendo cartas como antes? Ella no quiere por lo visto meterse en el mundo moderno que no entiende. Pero aunque no quiera, el mundo nuevo la arrollará, y no tardará mucho en comprender que las cartas postales se quedaron obsoletas.

Francisco Tomás Ortuño

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