-El día amanece azul, inmaculado o sin mancha, como la Virgen.
-Hablando de la Virgen, ¡qué susto se llevaría cuando el Ángel le dijera: “¡María, concebirás por obra del Espíritu Santo!”.
-¿Susto? Más bien asombro o gracia. “¿Qué me cuentas?”, le diría riendo.
-Que vas a tener un hijo.
-¿Yo? No puede ser: no vivo con varón.
-Será el Mesías que esperáis para salvar a los hombres.
-¡Anda ya! ¡A otro perro con ese hueso!
-Quedas avisada, María: Dios te ha elegido entre todas las mujeres para ser su madre.
-¿Y tú quién eres para que yo te crea?
-El Arcángel San Gabriel, mensajero celestial: “Ve y dile a María que de ella nacerá un niño que se llamará Jesús, y redimirá a los hombres de sus pecados”, me ha dicho.
-Deja ya la broma, que me lo voy a creer. ¿Y si fuera otra María que viva por aquí? Yo soy hija de Joaquín y Ana, una humilde lugareña. Vuelve y que te dé el recado otra vez, que es muy serio lo que dices, Gabriel. Y, sobre todo, que te diga a qué María se refiere.
-Tu prima Isabel, también va a ser madre.
-¿Mi prima de Judea, casada con Zacarías? ¡Déjate de bromas! ¡Si tiene noventa años!
-Para Dios nada es imposible. Si dice que Isabel tendrá un hijo, nada podrá impedir que lo tenga; y si dice que de ti nacerá su Hijo, ve preparándote para tenerlo.
-¿Y qué va a pensar José, mi prometido, descendiente de David?
-Todo está calculado, María. A Dios no le quedan cabos sueltos. Lo sabrá a su tiempo y te tomará por esposa.
-Pero…
-No hay peros que valgan, María: José será el padre adoptivo de Jesús y tú su mujer virtual. Su misión será cuidar de vosotros ante los peligros que se presenten. Ya lo irás viendo.
-Siento lástima entonces de José por la misión que le ha tocado: ser padre sin serlo y defendernos de los romanos. Pero por mí, encantada y sea lo que Dios quiera: ¡Hágase su voluntad!
Francisco Tomás Ortuño
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