Ayer me entretuve, Higinio, con la corrupción de los políticos. Y es que no hay día que no cojan a alguno escapando de la Justicia como conejo huyendo de un cazador. Yo escribí un Cuento sobre este asunto: Eran varias familias ricas que pusieron a un Administrador para que gobernara sus bienes. Tanto dejaron sus bienes en manos del Administrador, que éste pidió préstamos bancarios, hizo compras millonarias, despilfarró el dinero en viajes y juergas, hasta que los propietarios se vieron en la indigencia. “¿Qué había pasado?”, se preguntaron. Entonces cayeron en la cuenta de que el dichoso Administrador los había arruinado.
-La culpa fue también de los dueños.
-Más que de nadie. ¿Tú crees que en una casa que pongan a una mujer para limpiar, van a dejar que esta limpiadora administre los bienes de la casa? ¿Es que si contratas a una persona para que lleve tus cuentas, no le pondrías un sueldo a su trabajo? ¿Cabe en cabeza humana que esa persona te pagara a ti el sueldo que quisiera y no al revés? ¿Cabe que el tal administrador, contratado para aliviarte en tu trabajo, te dijera lo que debes hacer en tu casa y lo que debes enseñar a tus hijos? Es inconcebible.
-El Gobierno de la Nación es así.
-De ahí parten los males que padecemos, Higinio, no le des vueltas. Una Nación debe ser como una familia y los políticos son administradores a su servicio.
-Es que en la familia nacional hay muchas opiniones y no es fácil ponerse de acuerdo.
-Para eso existe un Congreso de Diputados, Armando. La Democracia es sin duda el mejor sistema de gobierno que se ha inventado. Cualquier asunto, materia, cuestión, propósito o negocio se lleva a la Cámara y a votar. Un voto más gana a los otros. Esa es la gran fuerza de la Democracia.
Francisco Tomás Ortuño
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