-Murcia, las seis afternoon y lloviendo.
-¿Lloviendo o yo viendo?
-No empecemos, Casimiro: cuando hablamos, por el contexto sabemos a qué nos referimos. Si te fijas, el lenguaje omite vocablos entre personas que se conocen bien. Hasta se ayudan con otro lenguaje, el gestual, para entenderse. Un caso extremo es el de los hermanos gemelos, que con mirarse saben lo que quieren. A lo más, se ayudan con un gruñido. No es lo mismo que dos personas que hablan distinta lengua, donde toda vocalización es poca.
En una Academia, si la Profesora es española, por muy bien que conozca el idioma que enseña, no es lo mismo que si fuera nativa. Lo natural es lo que se mama, lo que se aprende en la cuna. Entonces se amalgaman las ideas con las palabras de forma que salen juntas sin traductor. Es todo uno, como un cuerpo. Por el contrario, si uno es español y el otro inglés, alemán o ruso, por bien que haya aprendido el idioma, nunca llega al extremo de comunicarse omitiendo palabras o hasta frases enteras.
-Vale ya, que te entiendo, Casimiro. Además, con que el otro sepa lo que le dices, ¿para qué quieres más?
-Lo ideal sería aprender dos idiomas cuando naces: uno el propio y otro el común.
-Ya se intentó con el esperanto.
-Que donde vayas lo uses para hablar con chinos o japoneses.
-¿No existe ya un aparato que traduce conforme hablas? ¿Para qué aprender más lenguas que la tuya? Con llevar en el bolsillo el traductor como si fuera un móvil… “Please, where is the place…?”. “Un momento, un momento, entiéndete con este Señor, aparato”. Y el ingenio se pone a funcionar. “Pregunta por la Plaza del Ayuntamiento”. “Dile que siga la calle y al final que gire a la izquierda; por allí que pregunte de nuevo”. Así de fácil. Como todo el mundo llevará su traductor, seguro que da con él.
-¡Qué revolución se ve venir en todos los campos, Casimiro! ¿Sabes que han descubierto más de mil planetas nuevos como el nuestro? Cada estrella tendrá los suyos. Cualquier día nos llaman de uno de ellos.
-¿Y cuál será su lengua, Casimiro?
-Todo se resolverá si llega el caso, Eusebio, que si surge la necesidad, vendrá el remedio que la solucione.
Francisco Tomás Ortuño