EL PALOMAR
-Ayer, Bonifacio, no fue un día cualquiera en Política; fue una fecha para recordar en la Historia de España.
-Qué pasó ayer, Filogonio, que no pasara otros días?
-Fue hasta divertido, si no tuviera su aquel trágico para algunos.
-Explícate mejor, que tu pensamiento sigue estando turbio para mí. Igual está aún con telarañas mi cerebro; ¿tú no has visto las mismas cosas unas veces claro y otras nebuloso?
-Te aclaro las ideas, Boni: El Rey Felipe VI recibía en la Zarzuela a los grupos que votaban para investir al nuevo Presidente de la Cámara. Rajoy, del Partido Popular, teniendo mayoría, no alcanzaba a los otros Partidos juntos. Y tan confiados estaban Pedro y Pablo –los Picapiedras como les llamaban- de verse en la Moncloa, que procedieron a repartirse las Carteras de Ministros antes de tiempo: Para mí Economía, para ti Medio Ambiente; para mí Exteriores, para ti Agricultura…
-Hombre, Pablo, no te pases, que me dejas las que cuentan menos.
-Son lentejas, Pedro, si las quieres las tomas y si no las dejas; ¿quién eres tú sin mí?
A punto estaban de romper el pacto, con el susto de “los barones” que esperaban ocupar los sillones ministeriales, cuando dijo Rajoy al Rey Felipe: “Por la facultad que me concede el Artículo 62, punto cinco, de la Constitución, voy a retrasar la fecha de la investidura: para perder siempre es tiempo”.
Y cuentan las Crónicas que Pedro se llevó tal susto con la noticia que se puso blanco, sin pulso, a punto de fallecer.
-¿Y en qué quedó la función, Filogonio?
-Que el Rey volvió a llamar a los grupos como antes, y entonces había cambiado el panorama.
-¿Qué pasó?
-Que los españoles, viendo que “los Picapiedra” no se entenderían formando Gobierno, dieron su voto con mayoría absoluta a don Mariano.
Francisco Tomás Ortuño
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