El Palomar
-¿De qué hablarás hoy, Escritor?
-¿De qué quieres que hablemos, Secretaria?
-No pluralices, que el que inventa cosas eres tú; yo no hago más que escribir lo que me dictas, yo soy tu amanuense.
-¿Qué haría yo sin ti, compañera: solo no podría dar un paso.
-¿Por qué no escribimos la Poesía que ibas componiendo esta mañana, camino de la piscina?
-Decía así:
El Amor es caprichoso:
Cuando menos se le espera,
Se te cuela en la mollera
Tan pujante y vigoroso
Que de echarlo no hay manera.
Mas, pensándolo mejor,
Admito su compañía:
Con Amor hay alegría,
Que el alma siente ilusión
Cuando ya estaba dormida.
Bienvenido seas, Amor;
Por tu luz y tu calor:
Me alegro de estar contigo;
quiero ser tu fiel amigo,
No te vayas, por favor.
Algo así pensaba yendo a la piscina. Era un boceto. ¿Qué escritor no quita o pone sobre el original? Ninguno es como las madres, que tienen que aceptarlo como vienen al mundo.
Hay una gran diferencia entre la obra del escritor, pintor, escultor o arquitecto, y el niño que nace. Aquella ofrece retoques, mientras que el niño nace como va a ser, sin que la madre pueda cambiarle nada. El artista crea; la mujer recibe al hijo.
Francisco Tomás Ortuño
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