-He sabido de buena fuente, amigo Agustín, que Pedro Sánchez Pérez-Castejón, Secretario General del Partido Socialista, no se recupera del susto que le dio Rajoy la semana pasada, cuando departiendo con el Rey en la Zarzuela, le dijo que no se presentaba a la investidura.
Casi se desmaya: “¿Cómo?”, dijo asustado, “¿qué dice?”. Y es que con los escaños de la izquierda, incluyendo a los separatistas catalanes, esperaba ocupar la Moncloa, y hasta tenía a los Ministros nombrados. Todo lo tenía medido y contado menos la ocurrencia de don Mariano.
Fue tan grande el sobresalto que se escondió. “¿Dónde está Pedro?”, empezaron a preguntarse los compañeros de partido; “¿Cómo ha recibido la noticia?”; “¿Qué piensa hacer ahora?”… Y es que el Secretario General del PSOE se fue a su casa abatido, como un cadáver, y se metió en la cama.
Begoña, su mujer, le preguntó: “¿Qué tienes, cariño?”, te veo pálido. Y él, con la vista perdida, no hablaba. Rumiaba por dentro sin poder digerir, las ideas que lo enajenaban. “No puede ser”, decía de vez en cuando. Hasta que, por fin, se lo contó a su mujer. “¿Qué puedo hacer, Bego –como le decía cuando estaban solos-, para alcanzar mi sueño.
-Aquí vivimos bien, Pedro, ¿qué nos falta que no tengamos?
-Yo quiero ser el Presidente de los españoles, aunque tenga que pactar con Podemos –se le escapó.
Su mujer, preocupada, temió que cometiera una locura y se lo dijo don Enrique, médico amigo de la casa. Este fue a verlo y le preguntó cuáles eran sus sueños. “Voy por un desierto, me muero de sed y no encuentro agua”, le dijo. En la puerta, el doctor se lo explicó a Begoña: “Es un sueño inalcanzable lo que padece; hay muchos como él; no es grave, con el tiempo se olvidan y vuelven a su vida normal”.
Francisco Tomás Ortuño
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