martes, 26 de enero de 2016

EL PALOMAR

      -He sabido de buena fuente, amigo Agustín, que Pedro Sánchez Pérez-Castejón, Secretario General del Partido Socialista, no se recupera del susto que le dio Rajoy la semana pasada, cuando departiendo con el Rey en la Zarzuela, le dijo que no se presentaba a la investidura.
Casi se desmaya: “¿Cómo?”, dijo asustado, “¿qué dice?”. Y es que con los escaños de la izquierda, incluyendo a los separatistas catalanes, esperaba ocupar la Moncloa, y hasta tenía a los Ministros nombrados. Todo lo tenía medido y contado menos la ocurrencia de don Mariano.
     Fue tan grande el sobresalto que se escondió. “¿Dónde está Pedro?”, empezaron a preguntarse los compañeros de partido; “¿Cómo ha recibido la noticia?”; “¿Qué piensa hacer ahora?”… Y es que el Secretario General del PSOE se fue a su casa abatido, como un cadáver, y se metió en la cama.
Begoña, su mujer, le preguntó: “¿Qué tienes, cariño?”, te veo pálido. Y él, con la vista perdida, no hablaba. Rumiaba por dentro sin poder digerir, las ideas que lo enajenaban. “No puede ser”, decía de vez en cuando. Hasta que, por fin, se lo contó a su mujer. “¿Qué puedo hacer, Bego –como le decía cuando estaban solos-, para alcanzar mi sueño.
-Aquí vivimos bien, Pedro, ¿qué nos falta que no tengamos?
-Yo quiero ser el Presidente de los españoles, aunque tenga que pactar con Podemos –se le escapó.
Su mujer, preocupada, temió que cometiera una locura y se lo dijo don Enrique, médico amigo de la casa. Este fue a verlo y le preguntó cuáles eran sus sueños. “Voy por un desierto, me muero de sed y no encuentro agua”, le dijo. En la puerta, el doctor se lo explicó a Begoña: “Es un sueño inalcanzable lo que padece; hay muchos como él; no es grave, con el tiempo se olvidan y vuelven a su vida normal”.

Francisco Tomás Ortuño


lunes, 25 de enero de 2016

Palomas.

La seguridad afectiva en el pequeño es fundamentalmente necesaria.
F.T.Ortuño


El Amor es caprichoso.

El Palomar

      -¿De qué hablarás hoy, Escritor?
-¿De qué quieres que hablemos, Secretaria?
-No pluralices, que el que inventa cosas eres tú; yo no hago más que escribir lo que me dictas, yo soy tu amanuense.
-¿Qué haría yo sin ti, compañera: solo no podría dar un paso.
-¿Por qué no escribimos la Poesía que ibas componiendo esta mañana, camino de la piscina?
-Decía así:

El Amor es caprichoso:
Cuando menos se le espera,
Se te cuela en la mollera
Tan pujante y vigoroso
Que de echarlo no hay manera.

Mas, pensándolo mejor,
Admito su compañía:
Con Amor hay alegría,
Que el alma siente ilusión
Cuando ya estaba dormida.

Bienvenido seas, Amor;
Por tu luz y tu calor:
Me alegro de estar contigo;
quiero ser tu fiel amigo,
No te vayas, por favor.

Algo así pensaba yendo a la piscina. Era un boceto. ¿Qué escritor no quita o pone sobre el original? Ninguno es como las madres, que tienen que aceptarlo como vienen al mundo.

Hay una gran diferencia entre la obra del escritor, pintor, escultor o arquitecto, y el niño que nace. Aquella ofrece retoques, mientras que el niño nace como va a ser, sin que la madre pueda cambiarle nada. El artista crea; la mujer recibe al hijo.

Francisco Tomás Ortuño


domingo, 24 de enero de 2016

PALOMAS.

Ser Maestro es confundirse con los niños en la aventura de aprender.

                                                     F.T.Ortuño

Los Picapiedra.

EL PALOMAR

-Ayer, Bonifacio, no fue un día cualquiera en Política; fue una fecha para recordar en la Historia de España.
-Qué pasó ayer, Filogonio, que no pasara otros días?
-Fue hasta divertido, si no tuviera su aquel trágico para algunos.
-Explícate mejor, que tu pensamiento sigue estando turbio para mí. Igual está aún con telarañas mi cerebro; ¿tú no has visto las mismas cosas unas veces claro y otras nebuloso?
-Te aclaro las ideas, Boni: El Rey Felipe VI recibía en la Zarzuela a los grupos que votaban para investir al nuevo Presidente de la Cámara. Rajoy, del Partido Popular, teniendo mayoría, no alcanzaba a los otros Partidos juntos. Y tan confiados estaban Pedro y Pablo –los Picapiedras como les llamaban- de verse en la Moncloa, que procedieron a repartirse las Carteras de Ministros antes de tiempo: Para mí Economía, para ti Medio Ambiente; para mí Exteriores, para ti Agricultura…
-Hombre, Pablo, no te pases, que me dejas las que cuentan menos.
-Son lentejas, Pedro, si las quieres las tomas y si no las dejas; ¿quién eres tú sin mí?
A punto estaban de romper el pacto, con el susto de “los barones” que esperaban ocupar los sillones ministeriales, cuando dijo Rajoy al Rey Felipe: “Por la facultad que me concede el Artículo 62, punto cinco, de la Constitución, voy a retrasar la fecha de la investidura: para perder siempre es tiempo”.
Y cuentan las Crónicas que Pedro se llevó tal susto con la noticia que se puso blanco, sin pulso, a punto de fallecer.
-¿Y en qué quedó la función, Filogonio?
-Que el Rey volvió a llamar a los grupos como antes, y entonces había cambiado el panorama.
-¿Qué pasó?
-Que los españoles, viendo que “los Picapiedra” no se entenderían formando Gobierno, dieron su voto con mayoría absoluta a don Mariano.


                    Francisco Tomás Ortuño

sábado, 23 de enero de 2016

Palomas.

PALOMAS

En el mundo estamos yo y los demás: la diferencia es abrumadora.

                                                     F.T.Ortuño

El palomar.

EL PALOMAR

      -Aire hay siempre, Marcelo; pero si va de un lado para otro se llama viento. Hay vientos sosegados, tranquilos; y vientos nerviosos, vehementes. Dios te libre de un viento enloquecido, Marcelo. Hasta puede arrancar árboles y llevarse casas volando.

      -A todo hay quien gane, Leandro. El Sol un día viéndolo presumir de su fuerza, lo retó: “A ver quién le quita la chaqueta a aquel hombre que viene por allí”, le dijo. “Empieza tú mismo”. Y el viento atacó con furia; pero el hombre, cuanto más le pegaba, más se  apretaba la chaqueta al cuerpo. 

      El Sol esperaba su turno sonriendo. “Déjame a mí ahora”, le dijo. Y  subió tanto los grados de calor, que el hombre, ajeno a la prueba que se llevaban con él, comenzó a sudar, y se quitó la chaqueta. El Sol miró de reojo al Viento, y siguió su marcha olvidando el incidente.