-Hay que hacer la casa cómoda, agradable, en la medida de nuestras fuerzas: con música, con libros, con juegos, sin gritos… No tiene precio un hogar donde todos sus miembros se encuentren mejor que en ninguna otra parte.
-Sería bueno dar charlas, a los que van a casarse, sobre este tema. Los hogares felices son los que tienen dentro cariño, bienestar, amor; los que se visten de fantasía para los niños.
-Y son los padres los que pueden obrar el milagro, con su presencia siempre alegre y cariñosa, charlando con los hijos oportunamente, dejando la televisión para programas escogidos, apagando los móviles a tiempo….
-Los gritos rompen la paz y el deseo de permanecer en casa; las caras hoscas o contar chismes y comentarios insidiosos, lo mismo. Arte difícil de lograr, pero que una vez alcanzado no tiene precio.
Estuve en la iglesia de San Pedro. El cura en la homilía habló de los talentos. Dijo, comentando la lectura, que la mayor dicha para el hombre, para la mujer, es dar con hombre virtuoso, con mujer cariñosa. Personas que sepan hacer de sus casas templos de santidad, lugares atractivos y mágicos donde todos encuentren su lugar preferido. Algunas parejas se miraban con picardía. Era un cura alto, sencillo, que atraía por su misma sencillez.
Francisco Tomás Ortuño
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