miércoles, 23 de marzo de 2016

PALOMAS FUGITIVAS

Cada día es una hoja que tenemos que llenar: Procuremos no echar borrones.


F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR Odontología

Murcia, la una, en mi escritorio. Vengo del dentista, el que te deja con la boca abierta haga lo que haga; quiero decir haga bien, mal o regular su cometido. Don Pedro es joven y atento. En el sillón le he dicho: “Totus tuus”, parafraseando al Papa Juan Pablo II cuando iba por el mundo. Me dolía una muela y le ofrecía mi boca para que actuara a su gusto como profesional. “Totus tuus”, toda tuya, quería decirle.
Un toque de anestesia, ruidos de sierra en la boca, y, por fin, la sentencia: “No tiene buen aspecto, pero la dejamos a que pasen las fiestas; entonces o la indultamos o la quitamos”, dijo. Y siguió como arrastrando las palabras: “Mejor un diente malo propio que un postizo bueno”. Era sincero don Pedro. Yo me acordé de don Quijote, cuando dice a su escudero, Capítulo XVIII de la Primera Parte: “En mucho más se ha de estimar un diente que un diamante, Sancho”.
Por lo pronto, me ha quitado el dolor y la muela sigue donde estaba. Menos suerte fue la de mi madre, que fue a que le sacaran un diente y el dentista le quitó el vecino, que estaba bueno. Claro, cuando pasó el efecto de la anestesia que le puso, siguió con el dolor que tenía antes. Así que volvió al dentista y a la segunda intentona acertó con el malo. 
Hoy esta ciencia dental está muy avanzada. Si se cae uno, dos o cinco, te ponen otros iguales o mejores. Y está el empaste, que es sujetar al que se mueve como si fuera apuntalar un edificio. ¿Te conté que a mí se me movía un diente y le pedí al dentista que me lo empastara? Lo hizo muy bien, pero al año se movía de nuevo. Volví a que me hiciera otro empaste en el mismo diente. A los pocos meses se fue resquebrajando la pasta que lo sujetaba a sus vecinos y fui a otro dentista.
Le pedí que me viera la dentadura. Sin más explicaciones, me quitó el diente movedizo. “Pero, ¿qué ha hecho?”, le dije indignado. “Yo quería un empaste nuevo”. Y el dentista sonriendo me contestó: “Le pondré otro diente fijo para descanso del que he quitado, que tenía más años que Matusalén”.


Francisco Tomás Ortuño

PALOMAS NAZARENAS

El surtidor, vencido, se deshace en lágrimas.


F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR Semana Santa 18 marzo 2016

Murcia, las ocho, en mi taller. Los hechos se precipitan, como otras cosas que no quiero nombrar. Ayer fui a la piscina, y me despedí de los compañeros hasta dentro de quince días. En medio la Semana Santa y las Fiestas de Primavera. En los Colegios lo mismo. Decía un chascarrillo que unos niños en la Escuela comentaban: “Quince días de vacaciones; que se fastidie el maestro”. No pensaban que el maestro celebraba las fiestas a la par que ellos.
Pues sí, hoy es Viernes de Dolores, que abre la Semana Santa; mañana San José, fiesta sobre todo en Valencia con las fallas y su pirotecnia. Y pasado, Domingo de Ramos, con la Procesión de las Palmas.
Iba Jesús a Jerusalén y en llegando a Betania, junto al Monte de los Olivos, dijo a dos de sus discípulos: “Id a esa aldea de enfrente y veréis un borrico atado; desatadlo y traedlo. Si alguien os pregunta por qué lo desatáis, contestad que el Señor lo necesita”.
Fueron al pueblo y encontraron el burro atado como les había dicho Jesús. Cuando lo soltaban, oyeron al dueño que decía: “¿Por qué desatáis el burro?”. Y ellos le contestaron: “El Señor lo necesita”. Y dejó que siguieran. Se lo llevaron a Jesús y le ayudaron a montar.
Conforme se acercaban al pueblo, la gente iba en aumento y gritaba: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Algunos fariseos dijeron a Jesús: Maestro, diles que no griten tanto”. Y Jesús les dijo: “Si ellos callan, gritarán las piedras”. Y siguió su camino.


Francisco Tomás Ortuño

jueves, 17 de marzo de 2016

PALOMAS MIGRATORIAS

Si del mar revuelto de tus ideas coges un pensamiento, sácalo del agua y asegúralo bien antes de querer coger otro. Son escurridizos como los peces y tal vez se te escape para no volver a verlo.

F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR –escrito ayer, día 16-

Miércoles, las cuatro y media, o half past four, en mi retiro habitual. Cuántas cosas que contarte, Severino. En otra fecha más corriente, diría: “Otro capicúa, Severino; cada mes, como cada año, tiene su palíndromo”. Pero hoy hay hechos de más calado.
-¿A qué te refieres, Donato?
-¿Viste el partido de anoche, entre el Atlético de Madrid y el PSV Eindoven belga? ¡Qué emocionante! Empataron a cero; la prórroga, lo mismo; y en los penaltis seguía el empate hasta el octavo tiro del Eindoven que dio en el larguero. ¡Qué locura se desató! El entrenador atlético, loco, salió corriendo por el campo a celebrar la victoria.
     -¿Qué más hechos ocurrieron ayer, Donato?
     -A mi señora le quitaron la placa metálica que le pusieron en la muñeca. Cumplida su función de unir unos huesos rotos, le molestaba lo suyo.
-¿Cómo?
     -El cuerpo no acepta que seres extraños invadan su casa, y pasado un tiempo prudencial, quieren echarlo a patadas. Cada día mi Señora presenciaba una batalla entre dos fuerzas antagónicas. “¡Fuera!”, decían unos; “¡fuera de aquí!, ¡tú no eres de los nuestros!”. Hasta que el médico tuvo que abrir de nuevo y sacar lo que introdujo con alevosía y allanamiento de morada.
     -¿Y nadie ha protestado, Donato?
     -Nadie, Seve, que cada uno donde mejor se encuentra es donde ha nacido. Los indígenas bailaron de contentos celebrando la victoria.
     -Podía probarse lo mismo con los emigrantes, Donato.

Francisco Tomás Ortuño


PALOMAS

Cuando hay guerras es que los hombres son todavía niños.


F.T.Ortuño