jueves, 19 de mayo de 2016

PALOMA BLANCA

Tenemos que enseñar a los niños a vivir con los demás, respetando sus ideas, sus propiedades y sus personas.

F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR El libro de los inventos

-Los hombres primitivos, Engracia, se resguardaban en cuevas. Luego vieron que en la cueva cerrada no entraba viento ni lluvia, y construyeron puertas. Y el progreso trajo las comodidades que tenemos hoy. ¿Quién, hace cien años, pensaba que el cine cabía en su casa? ¿Y que podía tener aire acondicionado? Era su inteligencia que pensaba y veía lo que hacer para vivir mejor.
Yo mismo vi que las moscas eran molestas. “¿Cómo me las quitaría de encima cuando leo o escribo fuera?”.  Y un día me dije: “¿Por qué no hacer una casa pequeña donde  ellas no puedan entrar?”. La idea había saltado al reino de los vivos. Todo consistía en hacer paredes de celosía fina por donde los insectos no cupieran.
Llamé al herrero y se lo dije: “Quiero una casita de dos metros de larga por dos de ancha, con puerta y tejado, donde pueda estar sin moscas que me molesten. A los pocos días la tenía construida. Solo faltaba la tela metálica que cubriera las paredes. Desde que la tuve, la llamé jaula y gocé viendo que mi sueño se había cumplido: en pleno monte, en medio de la naturaleza, escribía y leía viendo que las moscas se estrellan en la tela, visiblemente airadas por no poder conseguir sus fines de llegar a mi rostro.
Creo que todos los inventos han nacido de una necesidad en la que antes no se había pensado. A la vuelta de unos años habrá remedios a otras necesidades que vayan surgiendo. Entonces quizás se piense: “¿Cómo podían vivir a comienzos del siglo XXI sin coches voladores?”. Cuántas y cuántas cosas están por nacer que desconocemos. Algo así como hoy nos admiramos de que en el siglo XV usaran plumas de ave para escribir y no pensaran en los bolígrafos que usamos hoy.
-Yo pensaría, Gustavo, en el libro con todos los inventos que a lo largo de la historia han ido apareciendo, con la fecha de nacimiento y la necesidad que lo hizo venir al mundo. Sería curioso saber cuándo el hombre dejó la pluma de ave por la metálica; cuándo se sustituyó esta por la pluma estilográfica y esta por el bolígrafo. Cuándo las luces con tea dieron paso a los carburos, capuchinas y bombillas eléctricas. O la máquina de escribir al ordenador. O la navaja de afeitar a la maquinilla. O la pintura a la fotografía.. O… Un libro que contara dónde, cuándo y por qué nació cada cosa.
Francisco Tomás Ortuño

miércoles, 18 de mayo de 2016

PALOMA ARAUCANA

Quien mira por su casa cuida mucho que la ensucien.
F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR Soluciones

-Hoy las máquinas hacen las veces de las personas, Alipio. Por eso hay tanto paro.
-Lo del paro es preocupante, Alfredo: ¿t ú qué solución le ves?
-Podía ser repartir los sueldos de las fábricas entre los obreros. Si las máquinas quitan trabajos, a reducir horas o días semanales, pero nada de despidos. La solución no está en echar a nadie sino en repartir lo que haya.
-¿Y por qué no hacer lo mismo con los Ayuntamientos? Un Ayuntamiento se encarga de organizar un pueblo; pues a disponer de personal para llevar a cabo su función y  que todos sepan lo que deben hacer en todo momento.
-¿Y en la agricultura?
-Campos de producción y obreros a trabajar.
-¿Y el Estado?
-Otra empresa más compuesta por los Ministros.
-¿Y en Educación?
-A repartir alumnos entre los Maestros.
-¿Medicina?
-Centros de curación y médicos a curar. Lo demás es complicar las cosas. Creo que somos los hombres los que hacemos que las cosas vayan mal muchas veces.
Francisco Tomás Ortuño

martes, 17 de mayo de 2016

PALOMA MALTESA

Si la lluvia, el frío o la nieve, te impiden ver a tu amada, una de dos: o estás enfermo o no hay tal amada.
                                                                                                                        F.T.Ortuño

DESDE MI PALOMAR Cajeros

El sábado tuve que sacar dinero:  
-Señor Cajero, ¿me quiere dar seiscientos euros que necesito?
El Cajero dudó y me preguntó qué deseaba.
-Sacar dinero -le repetí.
-¿Cuánto? –dijo con cara de pocos amigos.
-Seiscientos euritos solo. Son míos y los necesito -le supliqué-. Como es sábado y la Oficina está cerrada… -terminé.
Se lo pensó dos veces más, y, al fin, me dijo:
-Consulte en la Oficina, no estoy en condiciones de satisfacer su petición.
-Pero, máquina guapa, servicial y atenta –insistí-, por favor, dame seiscientos euros, ¿no ves que los necesito, que son míos y que la Oficina está cerrada?
Y tras mi súplica probé de nuevo.  Introduje por la ranura mi Libreta, tecleé mi número personal y puse a continuación la cantidad que necesitaba. Oí ruidos dentro de operaciones que realizaba, se detuvo de nuevo, hubo más operaciones metálicas, mientras que yo esperaba nervioso.
Estábamos solos la máquina y yo. Si me vuelve a decir que no, ¿qué podía hacer? Si fuera una persona le suplicaría más, pero la máquina es fría, sin entrañas.
Al fin, Dios lo quiso, vi que me daba unos billetes. “Gracias”, musité, “eres la máquina más linda que hay en el mundo”. Los conté y vi que había contado bien. Estaban los seiscientos euros que le había pedido.

                                                Francisco Tomás Ortuño

lunes, 16 de mayo de 2016